jueves, 6 de diciembre de 2012

6 de diciembre

Comienzo de un gran puente para muchos, y preludio de , espero, días de trabajo en Bisutería Otero.

A veces al releer el post anterior, pienso que el punto de añoranza y tristeza que el supuesto lector puede percibir en él, debía haberlo eludido.
Pero para mí, es inevitable la tendencia a esa emoción que supone vender un objeto que ha vivido en mi tienda durante, a veces tres generaciones.
En el mejor de los casos, se lo ví comprar a mi madre, la pulsera que Mercedes eligió, o los pendientes de plata con unas esmeraldas reconstituídas perfectas, con su jardín maravilloso, que mi madre un día decidió esconder por su belleza, y que yo al encontrarlos, los mandé a la primera fila del escaparate.

Es pués, en mí, el vender, un acto lleno de emoción, ya que en muchos casos, este acto supone una pérdida.
Si a esto le agrego el deseo de negocio, y mi afán por comportarme como auténtica profesional, os podéis suponer el estado de bajón que arrastro desde la feria, debido al enorme stress que ello conlleva.

No obstante, que dirían los pomposos, rápidamente, me voy para la Bisutería, a dejarla como los chorros del oro. A continuar con el diseño del escaparate, Vintage total, que mi querida Paola, antigua conocida, pero nueva amiga italiana nos ayudó ayer a colocar.

Madame Vintage, me llama.

Por cierto, os mostraré objetos preciosos de Paola, en cuanto Teresa les haga las fotos. Causaron furor en la feria, y alguno no volvió :-)

Feliz Puente el que lo tenga. Los Vintages trabajamos todos.

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